El "centro" no existe…
Lo que algunos políticos o gobernantes denominan "centro" otros, que saben escuchar la calle, lo llaman pragmatismo, que para nada es tibieza.
Lo que algunos políticos o gobernantes denominan "centro" otros, que saben escuchar la calle, lo llaman pragmatismo, que para nada es tibieza.
Un gobernante puede tener autoridad formal y poder despótico pleno, pero no tener poder infraestructural lo que implica que esa decisión no se va a cumplir, la burocracia la ignora y la sociedad no responde. Aquí aparece la falta de “autoridad personal”.
En estos tiempos de mediocridad, cuando un político vende como idea pura “la libertad” o “la justicia social” sin una doctrina que la aplique, solo está traficando ilusiones, lo que resulta atrapante como toda ilusión aunque nunca verificable.
La política tarda décadas en nunca resolver lo que el fútbol en un Mundial resuelve en un mes y medio. Por eso el mundo se detiene. No por la pelota, sino por el alivio que algo, al fin, tiene la posibilidad de concretarse.
En los tiempos que corren da la sensación que la realidad social juega un partido de lados opuestos que suponen ideologías, aunque el ciudadano común que se supone politizado, solo se limita a discutir en un infructuoso debate que separa a “nosotros de ellos”.
Los disímiles gobiernos de Latinoamérica comparten un rasgo común: la dificultad de gobernar en una era de inmediatez, donde el relato político cede ante el pragmatismo y las sociedades ya no perdonan la improvisación.
Un político hoy es un profesional que percibe sensaciones sociales, que define un rumbo acordando con los diferentes rumbos posibles y que trata de compatibilizar los intereses del país con sus propios intereses relacionados con el poder.
Da la sensación de que llegar al poder tomó por sorpresa a un gobierno que no esperaba serlo y que aún parece en campaña, sostenido un relato muy poco encantador que genera desencuentros en las filas amigas y ajenas que se aprovechan de la falta de claridad política, de cierta inocencia y, especialmente, de la ausencia de un modelo integrador que sea un instrumento de poder.
El presidente Kast ha lanzado la idea de “reconstrucción nacional” a modo de una “refundación” de Chile. El tema es si esa refundación es una transformación o es revivir el pasado de una capitanía general.