El estándar Chevesich
La Corte Suprema, por la bendita porfía de Gloria Ana Chevesich, esta vez, decidió no ser cómplice de su propio deterioro. Que lo haya hecho tarde, y de forma imperfecta, no le resta mérito al gesto, en un país acostumbrado a que las corporaciones se protejan entre sí. Se puede (y debe) trazar otro estándar.