
José Antonio Kast: el gran pecador
La soberbia de Kast no es la del dictador que grita órdenes, sino la del pastor que guía a su rebaño convencido de que él —y solo él— conoce el camino hacia la salvación.
La soberbia de Kast no es la del dictador que grita órdenes, sino la del pastor que guía a su rebaño convencido de que él —y solo él— conoce el camino hacia la salvación.
Mario Marcel tuvo que afrontar una economía tan destrozada como el centro de Santiago después del estallido y la pandemia. Restos de una doble tempestad, más una incapacidad ya endémica para producir, crecer, inventar, intentar algo nuevo.
Gustavo Gatica quiso ser diputado por el Frente Amplio, el espacio que parecía esperarlo por edad y condición social. Pero el partido “de los no tan jóvenes” descubrió, tarde y mal, que ser víctima no basta para ser candidato, y que un escaño parlamentario no es la forma legítima de reparar un crimen de Estado
Parisi no es un adolescente que nunca entendió que ser padre implica deberes. Tampoco es un académico despistado que pasea hasta demasiado tarde con los alumnas, ni un político excéntrico con buenas intenciones que hace campaña desde otro país que el que quiere gobernar. Es alguien que calcula perfectamente sus errores.
Evelyn y su comando comprendieron algo que hasta entonces parecía habérseles escapado: que en el mundo de las redes sociales, de los bots y las fake news, la peor estrategia es hacer lo lógico, lo normal, lo esperable.
Como el rey Salomón, Undurraga tiene que partir su partido en dos. Dividirlos entre quienes ven en Jeannette Jara la continuidad de Bachelet, y quienes ven en Evelyn Matthei la versión viable de Frei Ruiz-Tagle.
Manouchehri sabe que, gracias a que hay poco vino tinto y poca empanada en su sangre, gracias a que no se parece nada al chileno medio que representa, las cámaras lo quieren. Aprovecha ese cariño para presentar los más aventurados proyectos de ley y hacerse parte de toda suerte de casos judiciales donde, una vez más, las cámaras se encontrarán con el azul de sus ojos escrutadores y justicieros.
Si nadie las piensa, las Fuerzas Armadas seguirán siendo, para algunos, el fantasma de un dolor inextinguible; para otros, el espectro de una autoridad que ya no existe ni volverá a existir.
Jeannette Jara puede ser infinitamente más popular que cualquier otro candidato, pero sus ideas siguen siendo menos populares que las de Kaiser o Kast. Si sus adversarios la critican por lo que es —comunista— la empujan hacia el corazón del electorado. Si la critican por lo que piensa —un confuso Kirchnerismo— podrán, quizás, sin nombrarlo, revivir el viejo fantasma del anticomunismo.
La baja participación en las primarias es, en ese sentido, doblemente preocupante: indica que la izquierda se está hablando solo a sí misma, y que su composición es menos diversa, menos colorida, menos cercana de lo que se debería esperar de quienes han ganado casi todas las elecciones (menos dos) desde hace al menos cincuenta años.