Iván, el terrible
Iván Poduje entendió rápidamente que la gente allá afuera no quiere expertos gentiles que moderen el debate, quiere guerreros que nombren sus frustraciones sin rodeos y que señalen culpables. Por eso habla más fuerte que otros, más elocuentemente, con más datos y más confianza, pero corre el peligro de no escuchar a nadie más, de convertirse en ese monólogo brillante que nadie puede interrumpir.